Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Agosto de 2002
Arqueología

Un fuerte romano en el desierto de Egipto

En el oasis de Bahariya, unos restos atestiguan la existencia de un fuerte romano del siglo III. La reconstrucción del texto de la "inauguración oficial", grabado en piedra, ha arrojado luz sobre la política militar romana en Egipto.
El 23 de diciembre de 1819 el explorador Frédéric Cailliaud, de Nantes, y su ayudante salían del oasis de Siwa a lomos de dromedarios. Este enclave se encuentra cerca de la actual frontera entre Egipto y Libia, a 302 kilómetros de pista del Mediterráneo. Acababan de visitar algunos de los yacimientos del país de los amonitas, pueblo célebre en la Antigüedad por albergar el oráculo de Amón, al que acudieron emisarios religiosos de diversas ciudades griegas, Esparta y Atenas entre ellas, y soberanos como Creso, rey de Lidia (del siglo vi antes de nuestra era), o el propio Alejandro Magno, al día siguiente de su conquista de Egipto (en el 332 y 331 a.C.)
Los dos franceses, acompañados de sendos criados, un intérprete y un guía, se incorporaron a una caravana de beduinos que regresaba a Alejandría. Su intención era separase pronto del grupo, en dirección sudeste; querían llegar por una árida pista de 350 kilómetros de longitud a una vasta depresión que Cailliaud identificaba, y tenía razón, con el "Pequeño Oasis" de las fuentes griegas, la actual Bahariya. De repente la caravana se detuvo, asustada al ver en la lontananza una horda de beduinos en actitud quizás hostil. Cailliaud escribió: "Cuando estuvimos a un par de tiros de fusil un sheij salió de las filas beduinas y nos hizo señales con un pañuelo rojo. Kurum avanzó también hacia él; el sheij le reconoció; ...era amigo suyo, e inmediatamente se echó en sus brazos". En el siglo xix los exploradores del desierto de Libia tenían que hacer frente a muchas dificultades; Frédéric Cailliaud necesitó nueve días para coronar el acantilado de Bahariya, que cae bruscamente sobre la vasta depresión del Oasis.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.