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1 de Diciembre de 2017
Lingüística

Hablar con chasquidos

La forma de la cavidad bucal explicaría por qué tan pocas lenguas hacen uso de esos sonidos.

THOMAS FUCHS

Los chasquidos del habla, como los propios de ciertas lenguas africanas, corresponden a consonantes perfectamente inteligibles. Así pues, ¿por qué son tan poco frecuentes en la mayoría de las lenguas humanas? La razón podría residir en la anatomía.

Estudios anteriores han planteado que en algunos hablantes de las lenguas que los emplean, la apófisis alveolar (la protuberancia en forma de herradura donde se engastan los dientes superiores y el paladar) es pequeña o incluso nula. En una investigación novedosa, Scott Moisik, de la Universidad de Tecnología de Nanyang, en Singapur, y Dan Dediu, del Instituto Max Planck de Psicolingüística, en Nimega, elaboraron modelos biomecánicos que simulan los chasquidos en canales vocales con apófisis alveolares de diversos tamaños. Sus resultados, publicados el pasado enero en Journal of Language Evolution, revelan un claro inconveniente para los canales con apófisis grandes. Estas permitirían atrapar menos aire en la cavidad bucal, lo que exigiría más fuerza muscular para proferir el sonido.

Los autores opinan que este hallazgo avala la existencia de un sesgo anatómico contrario a los chasquidos. Creen que el sesgo probablemente sea poco relevante a nivel individual: las personas cuya apófisis alveolar es abultada pueden aprender esas lenguas en las que se profieren chasquidos, pero los modelos indican que les resultaría difícil aprender las consonantes dotadas de ellos o las pronunciarían incorrectamente. Amplificado con el paso de las generaciones, este sesgo podría explicar por qué tales consonantes son tan escasas en las lenguas del mundo.

Estos resultados no son los primeros que ponen en duda la premisa arraigada entre los lingüistas de que la evolución del lenguaje es inmune, en buena medida, a los factores externos. Otros investigadores han argumentado en fecha reciente que el marco geográfico, también las condiciones ambientales y la genética podrían influir. Pero el trabajo de Moisik y Dediu va un paso más allá, porque señala a un único rasgo de la anatomía humana y cuantifica su contribución a un tipo concreto de fonema.

Susanne Fuchs, investigadora del Centro Leibniz de Lingüística General, en Berlín, ajena al trabajo, afirma que las conclusiones del estudio son válidas, pero advierte de que podrían representar el dilema del huevo o la gallina: «La forma del paladar sufre un proceso de maduración desde el inicio de la infancia hasta la pubertad y... la emisión frecuente de chasquidos podría modificarlo», opina Fuchs. «Por tanto, es perfectamente posible que, a lo largo de la historia, las propiedades del canal vocal y las de la emisión de los chasquidos se hayan desarrollado en paralelo.»

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