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Una estrategia personalizada contra el cáncer

El empleo de organoides tumorales podría ayudarnos a tomar decisiones terapéuticas más precisas y a entender mejor la respuesta de los tumores a los tratamientos.

Cáncer pulmonar de células pequeñas. La investigación con organoides tumorales cultivados a partir de células cancerosas de pacientes representa una estrategia prometedora en la búsqueda de un tratamiento personalizado contra el cáncer. [YALE ROSEN/WIKIMEDIA COMMONS/CC BY SA 2.0]

La terapia de precisión contra el cáncer combina los conocimientos más recientes sobre la biología de los tumores con técnicas de vanguardia para identificar las alteraciones génicas que puedan relacionarse con los fármacos adecuados para tratarlos. En su artículo publicado en Cancer Discovery, Chantal Pauli, del Colegio Médico Weill Cornell, en Nueva York, y sus colaboradores escriben un nuevo capítulo sobre este tema mediante el empleo de la secuenciación del ADN de muestras de tumores y el análisis de modelos celulares procedentes de pacientes. Ello permite llevar a cabo el cribado ultrarrápido de fármacos para determinar los patrones de tratamiento-respuesta y, de ese modo, ampliar las opciones para adaptar la terapia a cada persona.

 

Trabajos previos
En investigaciones anteriores, Pauli y sus colaboradores habían obtenido muestras de tumores de pacientes y de sus tejidos sanos (para poder compararlos) y secuenciaron regiones del genoma codificadoras de proteínas. Pretendían identificar las alteraciones génicas específicas de cada tumor sobre las que pudiesen actuar los fármacos. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que, en la mayoría de los casos, la información de la secuencia del ADN, por sí sola, no era suficiente para guiar la toma de decisiones terapéuticas. De los 501 pacientes analizados (la mayoría de los cuales ya se hallaba en una fase avanzada de la enfermedad), tan solo un 10 por ciento presentaba alteraciones genéticas que podían relacionarse directamente con fármacos específicos aprobados por la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA).

Ese porcentaje incluía a pacientes cuyos tumores podían haber respondido ante fármacos de uso extraoficial, aquellos autorizados para actuar sobre una alteración en un tipo de tumor pero utilizados para tratar otros tipos de cáncer.

A diferencia del trabajo de Pauli, un estudio de Christophe Massard, del Instituto Gustav Roussy, al sur de París, y sus colaboradores, estableció vínculos entre tumores y tratamientos en alrededor del 40 por ciento de los casos. Emplearon criterios menos rigurosos, aunque ampliamente aceptados, para valorar la idoneidad del tratamiento; en concreto, incluyeron las alteraciones del ADN que podían ser tratadas con sustancias cuyo uso actual solo está autorizado en ensayos clínicos. Pero, aún así, en la mayoría de los pacientes de ambos estudios, los resultados de la secuenciación del ADN no aportaron la suficiente información como para poder diseñar terapias personalizadas debido al reducido número de tratamientos farmacológicos idóneos disponibles.

Tal situación llevó a Pauli y sus colaboradores a buscar otra forma de identificar vínculos potencialmente eficaces entre tumores y medicamentos. Emplearon organoides, unas estructuras celulares cultivadas en sistemas tridimensionales in vitro que mantienen las interacciones tanto entre las células como entre estas y la matriz celular que las rodea. Estos cultivos, procedentes de las células tumorales de los pacientes, conservan mejor las características biológicas de los tejidos que los habituales cultivos celulares en monocapa. Los organoides ofrecen una plataforma a gran escala para evaluar la sensibilidad de los tumores a los fármacos en un tiempo razonablemente rápido, lo que permite diseñar aplicaciones clínicas basadas en los resultados.

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