Osciladores acoplados y sincronización biológica

Un sutil hilo matemático conecta los relojes, la ambulación de los elefantes, los ritmos cerebrales y la instauración del caos.

En febrero de 1665, el gran físico holandés Christiaan Huygens, inventor del reloj de péndulo, hubo de recluirse en su cuarto a causa de una enfermedad. Un día, sin nada mejor que hacer, se quedó mirando distraídamente un par de relojes que había construido hacía poco y que estaban colgados uno junto al otro. Se percató de pronto de algo muy curioso: los dos péndulos oscilaban con perfecta sincronía.

Huygens estuvo observándolos durante horas, mas nunca perdieron el sincronismo. Probó entonces a perturbarlos; al cabo de media hora habían vuelto a coger el paso. Huygens sospechaba que los relojes habían de influir el uno sobre el otro, tal vez por medio de debilísimos movimientos del aire o de vibraciones imperceptibles en su soporte común. Como era de esperar, cuando los situó en lados opuestos de la habitación, los relojes fueron poco a poco perdiendo el paso, y uno de ellos se retrasó cinco segundos diarios respecto al otro.

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