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Evolución "por el bien del grupo"

La selección de grupo, aceptada en un comienzo de forma acrítica, cayó en el descrédito. Ha llegado el momento de acometer una valoración más precisa del proceso.

Es la evolución un deporte de equipo o una competición por la supervivencia que se disputa entre individuos? No hay duda de que la selección natural actúa sobre los organismos individuales. Aquellos que poseen rasgos favorables tienen mayor probabilidad de transmitir sus genes a la generación siguiente. Pero es posible que se den otros procesos similares en los distintos niveles de la jerarquía biológica, de modo que la selección natural perpetúe rasgos que no favorecen a un individuo, sino a una unidad social, se trate de una bandada o colonia, una especie entera o incluso de un ecosistema compuesto por muchas especies. La pregunta de fondo es: ¿puede un rasgo biológico evolucionar por "el bien del grupo"?

Muchos de los primeros evolucionistas aceptaron la idea de la selección de grupo sin pensárselo mucho. Les parecía, por ejemplo, que cabía decir que las manadas de animales rumiantes habían evolucionado en el sentido de poder mantener a largo plazo su suministro de alimento. Las manadas que restringiesen su alimentación tendrían una mayor probabilidad de sobrevivir que las que agotaran rápidamente un recurso esencial. Pero al analizar la cuestión con más detalle, otros biólogos descubrieron un error en el razonamiento. El uso prudente de los recursos beneficia a todos los miembros del grupo, incluso al "tramposo" que consume más que el resto. Los genes asociados a ser tramposo se esparcirán por el grupo y la tendencia al uso cooperativo de los recursos quedará socavada. La situación es muy familiar en la experiencia humana; es el fenómeno que Garrett Hardin denominó "la tragedia de los bienes comunales".

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