Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Abril de 1998
Medicina

Sucedáneos de la sangre

La escasez de donantes y los temores de posibles contaminaciones han dado un nuevo impulso a la investigación sobre opciones alternativas en el empeño por salvar vidas.
Mediados los años ochenta, la palabra sangre empezó a provocar temor y recelo. La difusión de que el VIH --el virus de la inmunodeficiencia humana, causante del sida-- se transmitía vía transfusión sembró el pánico y obligó a las instituciones sanitarias a introducir pruebas rigurosísimas en los bancos de sangre. Médicos de Francia y otros países sostenían la inocuidad de las transfusiones, pero una realidad trágica no tardó en desmentirlo. De ahí que perdure todavía el miedo. Aunque el riesgo de contagio con el virus del sida por transfusión oscile entre 1 de cada 450.000 y uno entre un millón, persiste la creencia de que cualquier sangre puede estar contaminada.
Esa fama, todo lo injustificada que se quiera, constituye uno de los principales problemas con que se enfrentan los bancos de sangre. Otro guarda relación con el suministro. En Estados Unidos, donde se precisa una transfusión cada tres segundos, el número de donantes de sangre sigue bajando: sólo el 5 por ciento de la población dona sangre, mientras crece sin cesar el grupo de personas que con mayor frecuencia requiere una transfusión, el de las personas de edad. Aunque los cálculos varían, parece que en el mundo hacen falta cada año 7,5 millones más de litros de sangre.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.