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1 de Mayo de 2013
Tecnología

Abejas robóticas

El proyecto RoboBee persigue diseñar enjambres de insectos artificiales. Dotados de una «inteligencia colectiva» similar a la de las colmenas reales, podrían acometer un gran número de tareas.

Bryan Christie

En síntesis

Una colonia de abejas robóticas podría llevar a cabo todo tipo de tareas, desde polinizar cultivos hasta participar en misiones de rescate en caso de catástrofe. El proyecto RoboBee trabaja en el diseño de estos insectos artificiales.

Su reducido tamaño plantea todo tipo de retos técnicos e informáticos. Debido a la imposibilidad de emplear piezas mecánicas normales, los investigadores han creado «músculos» artificiales, inspirados en la anatomía de una abeja real.

Otro desafío consiste en reproducir la inteligencia colectiva de un enjambre, en el que miles de insectos se coordinan sin ningún liderazgo centralizado. Una colmena robótica debe poder lograr sus objetivos aunque algunos de sus miembros fracasen.

No hace mucho que las abejas melíferas de varias regiones del mundo sufrieron una misteriosa plaga, conocida como síndrome de despoblamiento de las colmenas. Gran parte de la polinización comercial depende de las abejas, por lo que la enfermedad supuso una amenaza para la agricultura. En 2009, junto con otros colaboradores de Harvard y de la Universidad Nororiental de EE.UU., comenzamos a considerar la posibilidad de crear una colonia de abejas robóticas. Nos preguntábamos si una población de insectos mecánicos podría imitar no solo la conducta de las abejas una a una, sino el complejo comportamiento colectivo que emerge de la interacción entre miles de ellas. Hoy, en el marco del proyecto RoboBee, ya hemos construido las primeras ciberabejas y estamos desarrollando métodos para lograr que miles de ellas cooperen, como en una colmena real.

A primera vista, la tarea se antoja imposible. Millones de años de evolución han hecho de las abejas máquinas increíbles: pueden volar durante horas, su diminuto cuerpo se mantiene estable frente a las rachas de viento, hallan flores y esquivan depredadores. No parece que podamos exigir talentos semejantes a un robot del tamaño de una moneda de cinco céntimos.

Pensemos ahora en la colmena. En ella no parece haber gobierno centralizado alguno; sin embargo, decenas de miles de insectos se reparten con acierto las tareas en pos del bienestar de toda la comunidad. Si se necesita más polen, salen abejas de refuerzo a aprovisionarse; cuando la colmena requiere cuidados, permanecen más insectos en ella; y si sucede algo imprevisto (como la muerte inesperada de una abeja reina), el grupo se adapta con rapidez a las nuevas circunstancias. Sin una autoridad responsable, ¿cómo puede una colonia de insectos resolver situaciones tan complejas?

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