Dar vida al ADN fósil

La biotecnología revela cómo sobrevivieron los mamuts en ambientes fríos, además de otros misterios de la vida de los animales extintos.

EMILY COOPER

En síntesis

Durante mucho tiempo, el conocimiento sobre los animales extintos se ha basado en los restos fósiles de sus huesos y dientes.

Avances recientes en el estudio del ADN antiguo están revolucionando la investigación de estas especies del pasado.

Los investigadores pueden ahora recrear los genes de esos animales y examinar las proteínas codificadas por ellos.

La posibilidad de estudiar la paleofisiología resultaba impensable hace tan solo una década.

Durante más de 150 años los científicos han utilizado huesos y dientes fósiles para reconstruir las especies del pasado. Los esqueletos permiten saber el tamaño y la forma corporal de animales extintos; las inserciones musculares indican cómo era su musculatura y cómo se movían; la forma y desgaste de los dientes reflejan la clase de alimentos que ingerían. A partir de este tipo de restos se ha obtenido una información extraordinaria. En contadas ocasiones se han podido estudiar también momias muy bien conservadas y cuerpos congelados, lo que ha añadido detalles a las reconstrucciones, como la longitud del pelaje, la forma de las orejas y el contenido estomacal de la última ingesta del animal. Pero aunque se han deducido numerosas características físicas de las formas de vida del pasado, sabemos muy poco sobre los procesos fisiológicos que las sustentaban.

No obstante, nuevos datos están colmando esa laguna de conocimiento. Recientes avances biotecnológicos están ayudando a reconstruir genes de especies extintas y a recrear las proteínas (las moléculas que forman y controlan la maquinaria celular responsable de diferentes procesos vitales) codificadas por tales genes [véase «Viaje molecular al pasado», por R. Pérez Jiménez et al.; Investigación y Ciencia, octubre de 2011]. Se augura así el nacimiento de una nueva disciplina científica, la paleofisiología: el estudio del funcionamiento orgánico de animales desaparecidos. Si bien el campo se halla aún en sus albores, ya se han obtenido datos extraordinarios sobre la adaptación de uno de los animales icónicos de la prehistoria, el mamut lanudo, a las duras condiciones de las épocas glaciales. Aunque todavía no pueden clonarse animales prehistóricos como en Parque Jurásico, nuestro trabajo ha demostrado la posibilidad de observar procesos fisiológicos clave de animales que desaparecieron de la faz de la Tierra hace mucho tiempo.

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