CDC/James Volk

En 1860, Louis Pasteur abrió un frasco de cristal en el glaciar Montanvert, en los Alpes franceses, y recogió una muestra de aire. Unos días después, el fondo de dicho frasco estaba repleto de una sustancia viscosa, una prueba para Pasteur y sus colegas de que en el aire había algo, invisible pero muy real. Hoy en día, entendemos qué constituye ese ente invisible: los microbios presentes en nuestra atmósfera. Sin embargo, a pesar de que han pasado más de 150 años desde el experimento de Pasteur, los científicos aún están empezando a comprender cómo afectan a la vida en la Tierra los microorganismos del aire.

Recientemente, un equipo de científicos capturó más de 2100 especies de microbios que atravesaban el océano Pacífico, desde Asia hasta Norteamérica, en grandes columnas de aire en la troposfera superior, a una altura de hasta veinte kilómetros sobre la superficie de la Tierra. Buena parte de los microorganismos eran bacterias, con el consiguiente riesgo para la salud humana. En África, en una región conocida como el cinturón meningítico, las tormentas de polvo transportan la bacteria Neisseria meningitidis (imagen), que infecta a unas 200.000 personas de esa zona cada año. Sin embargo, para la mayoría de la gente en la mayor parte de lugares, los microbios del aire son totalmente inofensivos, señala David Smith, microbiólogo del Centro Espacial Kennedy de la NASA y autor principal del estudio sobre los 2100 microbios viajeros. «No hay que preocuparse», afirma Smith, cuyos hallazgos fueron publicados en línea el pasado mes de diciembre en la revista Applied and Environmental Microbiology. «Esto siempre ha sucedido de forma natural».

Más allá de los aspectos relativos a la salud, los microbios de la atmósfera también podrían ser importantes para el clima. «Estamos interesados en saber si contribuyen a la formación de los núcleos de condensación de las nubes», explica Susannah Burrows, científica especializada en fenómenos atmosféricos del Laboratorio Nacional del Pacífico Noroeste en Richland, Washington. Las bacterias pueden agruparse generando la semilla en torno a la cual se forma la nube y pueden, por tanto, constituir un componente clave de nuestra atmósfera, apunta.

Otros investigadores se preguntan cómo se comportan los microorganismos mientras se hallan suspendidos en el aire y si pueden reproducirse al tiempo que viajan. «Tenemos varios indicios de que los microbios del aire están vivos y activos», no son simples pasajeros, afirma Paraskevi Polymenakou, microbiólogo atmosférico del Centro Helénico de Investigación Marina en Grecia.

Para Dale Griffin, microbiólogo del Servicio Geológico de los Estados Unidos, las preguntas van más allá de la atmósfera. «No importa lo alto que miremos, parece que siempre encontramos vida», señala. Smith no solo se cuestiona hasta qué altura se puede encontrar vida, sino también cómo sobrevive tan arriba. «Cuando era estudiante de biología, creía que todo se había investigado ya», comenta. «La atmósfera nos da la oportunidad de estudiar un lugar en el que nadie había buscado vida anteriormente».

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