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1 de Diciembre de 2010
Paleontología

Los dinosaurios también nadaban

Los rastros fósiles hallados en La Rioja revelan la forma de natación de ciertos dinosaurios terópodos no avianos y arrojan luz sobre una de las cuestiones etológicas más apasionantes de los dinosaurios.

Albert Marin, basado en una ilustraciOn de Guillaume Suan, de la Universidad de Goethe, Frankfurt

En síntesis

El estudio de un excepcional rastro fósil hallado en Enciso, La Rioja, demuestra que ciertos dinosaurios terópodos no avianos desarrollaron una locomoción eficaz en el medio acuático. Las huellas se encuentran sobre un estrato de arenisca del Cretácico inferior, hace unos 125 millones de años.

El dinosaurio rascó el fondo dejando sobre el sedimento nueve conjuntos asimétricos de dos o tres arañazos. Las rizaduras de oleaje indican que el animal nadó bajo la influencia de una corriente.

El descubrimiento permite ahondar en la etología y la locomoción de estos reptiles, así como en aspectos ecológicos como la dieta y el modo de vida semiacuático que quizá les permitió colonizar los nichos ecológicos acuáticos.

En 1980, el paleontólogo Walter P. Coombs descubrió en el Jurásico inferior de Conneticut un rastro curioso. Las huellas fueron descritas como un morfotipo muy original y totalmente diferente de lo que se había encontrado hasta la fecha. Fue la primera vez que se hallaba una huella fosilizada (icnita) con la impresión distal de los tres dedos; las impresiones mostraban una forma elongada, de acanaladura, como si el animal hubiera arañado el sustrato por el cual se desplazaba. Dicha pista, publicada en Science, se atribuyó a los efectos de la natación de un dinosaurio terópodo no aviano.

Sin embargo en 2003, James O. Farlow y Peter M. Galton estudiaron de nuevo dichas huellas y llegaron a una conclusión totalmente opuesta: el rastro había sido producido mientras el dinosaurio se desplazaba sobre una superficie de sedimento de consistencia dura, por tanto, en tierra firme.

Asimismo, un rastro del Jurásico medio de Inglaterra descrito en 2001 por Martin A. Whyte y Mike Romano, y unas huellas aisladas del Jurásico inferior de Polonia publicadas por Gerard Gierlinsky en 2004 fueron denominadas Characichnos tridactylus y se atribuyeron a terópodos no avianos nadadores. En 2006, Andrew R. C. Milner, Martin G. Lockley y James I. Kirkland describieron en el Jurásico inferior de Utah un gran número de huellas de natación aisladas. Se correlacionaron con huellas de los ichnogéneros Grallator y Eubrontes, ambos relacionados con dinosaurios terópodos no avianos.

Con todo, en los ejemplos anteriores las icnitas aparecían aisladas o asociadas a rastros muy pequeños, por lo que su atribución a huellas de natación no convenció a los expertos.

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