Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Noviembre de 2014
Espacio

El telescopio de rayos cósmicos EUSO levanta cabeza

NASA

Los rayos cósmicos viajan a velocidades muy próximas a la de la luz y bombardean la Tierra desde todas direcciones. Las partículas con carga eléctrica son las componentes de mayor energía de estos rayos. Pero, tras años de estudios, los expertos siguen sin saber de dónde vienen.

Se cree que los rayos cósmicos de alta energía pudieron partir de agujeros negros supermasivos hospedados en galaxias lejanas o, tal vez, de partículas que se desintegraron poco después de la gran explosión. Sea cual sea su origen, los más energéticos chocan contra la atmósfera terrestre al ritmo de una vez por kilómetro cuadrado y siglo. El impacto produce una cascada de decenas de miles de millones de partículas secundarias que, a su vez, colisionan contra las moléculas de nitrógeno de la atmósfera. Esa interacción genera una fluorescencia ultravioleta que ilumina el recorrido de la cascada. A partir de ella, los científicos intentan reconstruir la dirección y energía de los rayos incidentes a fin de rastrear su origen.

No es fácil ver esos sucesos extremos. Las observaciones efectuadas desde tierra solo captan las colisiones que ocurren justo encima del detector. El Observatorio Pierre Auger, en Argentina, que alberga el mayor detector de rayos cósmicos del mundo y que cubre una superficie de unos 3000 kilómetros cuadrados, registra una veintena de cascadas al año.

Hace más de una década, un equipo internacional diseñó un telescopio de rayos cósmicos que debía ser instalado en el módulo japonés de la Estación Espacial Internacional: el Observatorio Espacial del Universo Extremo (JEM-EUSO). El dispositivo registraría las emisiones ultravioletas con una cámara de gran angular y alta velocidad que apuntaría hacia la Tierra. Al cubrir un área de observación muy extensa, detectaría un mayor número de cascadas atmosféricas.

Sus responsables esperaban lanzar el EUSO en 2006. Sin embargo, una sucesión de problemas de muy distinta índole (el desastre de la lanzadera espacial Columbia en 2003, el accidente de Fukushima en 2011 y, ahora, el conflicto en Ucrania) han retrasado la puesta en órbita del instrumento hasta, al menos, 2018.

Con todo, los aspectos científicos del proyecto siguen en marcha. El pasado mes de agosto, el equipo montó un prototipo del telescopio en un globo de helio y lo llevó a 38 kilómetros de altitud. Durante dos horas, los investigadores lo siguieron desde un helicóptero y dispararon luz láser y luz LED ultravioleta hacia el ángulo visual del aparato. El ensayo concluyó con éxito: el prototipo detectó las señales, semejantes a la fluorescencia generada por las cascadas atmosféricas de rayos cósmicos. En 2016, un grupo de astronautas llevará a la Estación Espacial Internacional otro prototipo, Mini-EUSO, del tamaño de una caja de zapatos. Con ello esperan poder comprobar si el diseño funciona correctamente a la altitud que alcanzará la misión auténtica.

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.