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1 de Noviembre de 2014
Teoría de juegos

Lenguaje, convenciones y coordinación

De cómo estipular el significado de una palabra a la teoría de juegos.

Investigación y Ciencia

La relación entre las palabras de un idioma y su significado parece puramente convencional. Hasta donde sabemos, cada una de las voces del castellano podría haber adquirido un significado distinto del que tiene en la actualidad. La palabra jirafa, por ejemplo, podría tomar el significado que asignamos a gafa, y viceversa. En esta variante del español, la frase La gafa se puso sus jirafas querría decir que la jirafa se puso sus gafas.

Las lenguas «artificiales», como el esperanto, nos permiten analizar las maneras en que puede estipularse el significado de una nueva palabra. Por supuesto, los idiomas naturales no surgieron de un modo tan simple. Sabemos bien que no hubo ningún grupo de personas que, tras una larga reunión, decidiese el significado de todas y cada una de las palabras del castellano.

Pero, al menos en principio, podría haber ocurrido así. Y, si bien desconocemos la manera en que los hablantes del español llegaron a ponerse de acuerdo sobre el significado de las palabras, sí parece probable que estas lo adquiriesen a partir de algún proceso de estipulación.

Jirafas y farijas
Para que el significado de una palabra pueda surgir a partir de un acuerdo entre los hablantes, estos deben poder comunicarse entre sí. Pero, a menos que ya dispongan de una lengua común —por primitiva que esta sea—, resulta difícil imaginar de dónde podría provenir esa capacidad de comunicación. A partir de aquí resulta inmediato ver que tuvo que existir algún idioma cuyas palabras no adquirieron su significado por medio de un acuerdo explícito en una lengua previa. Así pues, si aceptamos que la relación entre las palabras de un idioma y su significado es convencional, debería resultar posible establecer una convención sin necesidad de llegar a un acuerdo. Pero ¿cómo?

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