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1 de Noviembre de 2014
Genética

Una diferencia mínima, pero notable

Las comparaciones del genoma revelan el ADN que distingue a Homo sapiens de sus parientes cercanos.

Confrontación entre parte del genoma humano y del bonobo. El color del punto indica el grado de concordancia entre ambas secuencias; el rojo señala la diferencia más acusada. [Portia Sloan Rollings]

En 1871, Charles Darwin dedujo que la especie humana estaba emparentada más estrechamente con los grandes simios africanos que con cualquier otra especie viviente. La reciente secuenciación de los genomas del gorila, el chimpancé y el bonobo confirma su deducción y ofrece una visión más clara de nuestros lazos comunes: el chimpancé y el bonobo ocupan un lugar preeminente como parientes vivos más cercanos, pues comparten con nosotros el 99 por ciento del ADN, seguidos por los gorilas con el 98 por ciento.

Pero esa diminuta fracción de ADN que nos separa constituye todo un mundo: nos confiere tanto el bipedismo como la capacidad para organizar misiones a Marte, entre otras facultades. Ignoramos todavía cómo ese ADN exclusivo afecta a la función de los genes, pero los análisis del genoma completo arrojan resultados fascinantes. Así, si comparamos el 33 por ciento del genoma humano que codifica proteínas con el de nuestros parientes, descubrimos que, pese a la reducida suma total de las diferencias genéticas, las individuales pululan por doquier a lo largo del genoma e influyen en los cromosomas de muy distintos modos.

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