Aves del terror sudamericanas

Grandes y veloces, fueron los carnívoros dominantes del continente durante millones de años, hasta que sus competidores los abocaron a la extinción.

Es un día de verano en las pampas del corazón de Argentina, hace unos cinco millones de años. Un rebaño de pequeños mamíferos, parecen caballos aunque no lo son, ramonea bajo un sol de justicia. Ninguno advierte que, a 50 metros, oculto entre la hierba, algo acecha. Su cuerpo, recubierto de plumas, es compacto; un cuello largo y poderoso sostiene su cabeza desproporcionadamente grande. Tiene los ojos, situados a ambos lados de la cabeza, clavados en el rebaño. Mueve la testa de un lado a otro en sacudidas cortas y rápidas. Fija así la posición de la presa sin necesidad de recurrir a la visión estereoscópica. Baja la cabeza hasta rozar la hierba. Avanza unos 20 metros, levanta de nuevo la mirada y sigue al acecho. Dispuesto al ataque, baja la cabeza y refriega el pico contra una piedra, aguzando sus bordes cortantes.

Eriza las plumas y salta. Se lanza hacia el rebaño propulsado por dos patas musculosas y largas. En pocos segundos alcanza 70 kilómetros por hora. Extiende sus alas cortas, inútiles para el vuelo, que le ayudan a mantener el equilibrio y maniobrar.

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