La metafísica de las partículas

Tras el naufragio del supercolisionador superconductor, los físicos están divididos acerca de cómo deberían, o si deberían siquiera, seguir buscando una teoría unificada de la naturaleza.

Hace más de ciento cincuenta años, Michael Faraday descubrió, gracias a una serie de brillantes experimentos, que la electricidad y el magnetismo eran manifestaciones de una misma fuerza subyacente. Movido por este éxito, se propuso demostrar que el electromagnetismo está ligado de forma similar a la gravedad, descrita matemáticamente por Newton otros ciento cincuenta años atrás. Fracasó, pero no perdió su fe en la existencia de semejante teoría unificada.

Hoy, muchos físicos —aunque no todos— han venido a compartir la creencia de Faraday en que las fuerzas de la naturaleza, distintas en su presentación, no son sino caras de una única y simétrica gema. La lucha por dar con esta piedra angular ha convertido la física moderna en una epopeya que hunde sus raíces en tiempos primigenios. En su reciente libro El sueño de la teoría final, el premio Nobel Steven Weinberg, de la Universidad de Texas, dice que una teoría unificada haría fructífera "la vieja búsqueda de principios que no puedan explicarse por otros más profundos". ¿Será posible que esa búsqueda no encuentre término?

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