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1 de Enero de 1988
Medicina

Dieta y cáncer

Ciertas recomendaciones pretenden reducir la incidencia de los cánceres relacionados con la nutrición. Se basan en datos de estudios epidemiológicos y en experimentos con animales.

En 1982, el Consejo Nacional norteamericano de Investigación, una rama de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, propuso unas directrices provisionales para limitar el riesgo de aparición del cáncer relacionado con la alimentación. Las principales recomendaciones consistían en reducir la ingesta de grasa, desde la media del mundo occidental, cifrada en el 40 por ciento de las calorías totales, hasta el 30 por ciento, consumir más fibra, más frutas y más verduras, aumentar la ingesta de hidratos de carbono complejos (fécula de harina y de patatas, por ejemplo) y disminuir el consumo de alimentos adobados, salados o ahumados, así como el de hidratos de carbono simples (verbigracia, el azúcar refinado).

Las recomendaciones han generado frecuentes disputas y mucha confusión entre el público, especialistas en dietética, organismos de la administración y responsables de la salud pública y la industria alimentaria. La razón principal de la polémica ha radicado en la falta de datos definitivos, pese a que las recomendaciones se basaban en indicios muy sugestivos. Es, pues, muy legítimo preguntarse si lo prudente es observar dichas recomendaciones o si, por el contrario, éstas deben considerarse algo prematuras y quizás infundadas.

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