michelle del guercio Photo Researchers, Inc.

Cada treinta minutos, toda la sangre de nuestro organismo se filtra a través de los riñones. Sin embargo, la diabetes puede hacer que estos órganos del tamaño de un puño dejen de funcionar, lo que provoca una acumulación de sustancias en la sangre que resultaría letal si no se recurre a diálisis o a un transplante de riñón.

En los EE.UU., al menos seis mil personas sanas donan cada año un riñón a alguien que conocen; unas cien más se ofrecen para dar de forma anónima sus glomérulos (las unidades básicas de filtración del riñón). Si bien es cierto que para vivir se necesita sólo un riñón, la operación necesaria para retirar el otro y el riesgo de sufrir posteriormente una enfermedad en el único que queda dificultan la decisión de donar.

Dorry Sergev, cirujano especializado en transplantes de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, estudió la mortalidad de 80.000 donantes de riñón durante los últimos quince años, comparándolos con personas sanas que tenían ambos riñones. El estudio, publicado en el Journal of the American Medical Association el 10 de marzo, en el sexagésimo aniversario del primer transplante de riñón en los EE.UU., no encontró ningún aumento en la mortalidad entre los donantes, una vez recuperados de la operación.

Aunque los donantes se seleccionan de forma rigurosa antes del procedimiento, Segev subraya que hay riesgos: "Sigue siendo una operación importante. Vives con un solo riñón. La gente tiene que pensárselo bien y ser consciente de los riesgos, antes de emprender esta acción heroica".

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