Fascinación por el fin

¿Por qué nos apasionan las historias sobre nuestra propia extinción?

silvia angles, instituto de ciencias del mar, csic

Una vez más, el fin del mundo se encuentra próximo. Una de las últimas amenazas nos llegaba por cortesía de los antiguos mayas, cuyo calendario, según interpretaba un grupo de escritores oportunistas y directores de cine comercial, presagia el fin de nuestra era para 2012. Algo antes, tres querellas judiciales demandaron al LHC (el Gran Colisionador de Hadrones del CERN, en Ginebra) ante el peligro de que sus colisiones de protones generaran un agujero negro que engulliría el planeta.

Y, hace unos diez años, la industria hubo de invertir miles de millones para amortiguar la catástrofe que sin duda había de provocar el efecto 2000.

Cabría pensar que, a estas alturas, el pensamiento científico ya debería habernos inmunizado contra las obsesiones más extravagantes acerca del fin del mundo. Pero no ha sido así, sino más bien al contrario: la ciencia sólo nos ha dado nuevos motivos de preocupación.

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