Los últimos indígenas

El patrimonio de la humanidad se reduce cada vez que se extingue una cultura. Conservarlo está en nuestras manos.
Cayce/Flickr
A lo largo de los últimos diez años, los genetistas han demostrado que todos los humanos descendemos de un número reducido de individuos que salieron de Africa hace unos 60.000 años. Tal herencia común implica que todas las culturas compartimos el mismo potencial y dotes creativas similares. Las diferentes formas en que los humanos hemos decidido invertir nuestro intelecto (ya sea para lograr las impresionantes innovaciones tecnológicas características de Occidente o para mantener redes de parentesco de enorme complejidad, como las existentes entre los aborígenes australianos) no son sino una cuestión de opción y orientación, de ventajas adaptativas y de prioridades culturales. Cada sociedad constituye una respuesta única a la pregunta sobre lo que significa ser humano. Y el conjunto de todas las culturas existentes compone el repertorio de conocimientos del que dispone la humanidad para afrontar los próximos milenios.
Sin embargo, son numerosas las voces que se apagan a un ritmo estremecedor. Un indicador clave de semejante pérdida cultural lo proporciona el número de lenguas que desaparecen. Un idioma representa mucho más que un sistema gramatical o un vocabulario: constituye el vehículo con el que se materializa la esencia de una cultura. Los lingüistas coinciden en que el 50 por ciento de los 7000 idiomas del planeta se hallan en peligro de extinción. Cada dos semanas fallece un anciano que se lleva consigo las últimas sílabas de una lengua. De continuar a semejante ritmo, dentro de una generación o dos podremos certificar la pérdida de la mitad de la herencia social, cultural e intelectual de la humanidad. Este es el ignorado telón de fondo de nuestra época.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.