bruce benedict Corbis

Tras la retirada del mercado de modelos Toyota el pasado mes de enero, la idea de ceder al software el control de nuestros vehículos puede parecer absurda. Sin embargo, según múltiples estudios realizados a lo largo de los últimos 25 años, los factores humanos como las distracciones, el consumo de alcohol o estupefacientes, o simplemente las malas decisiones constituyen la primera causa de accidentes de tráfico. Se antoja razonable pensar que, cuanto antes soltemos los humanos el volante, más seguras serán nuestras carreteras.
Pero ¿constituye una conducción totalmente automatizada un objetivo realista? Según David Shinar, del Laboratorio de Seguridad de Factores Humanos de la Universidad Ben-Gurion del Neguev, en Israel, si bien puede que los conductores humanos nunca sean reemplazados totalmente, nuestra función podría cambiar. Estamos pasando de una situación en la que el conductor controla el sistema a otra en la que tan sólo lo monitorizará, como hace el piloto en un avión. Incluso cuando el piloto automático está en marcha, un piloto nunca abandona la cabina. Lo que podemos esperar son vehículos que requieran un control menos directo por parte del conductor, quien sólo intervendría cuando sucediese algo inesperado.
Sistemas ya en uso, como el control electrónico de estabilidad, que detecta y previene derrapes, podrían combinarse con técnicas más modernas, como dispositivos que mantengan al vehículo dentro de una "burbuja de seguridad" en torno al coche. Ello permitiría una trayectoria estable y reduciría al mínimo las intervenciones del conductor. En 2007, un modelo sin conductor de Chevy Tahoe, apodado Boss ("Jefe"), recorrió con éxito un complicado itinerario que incluía tráfico realista e incluso atascos. Quizá los vehículos autónomos lleguen antes de lo que pensábamos.

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