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El efecto Coriolis

La rotación de la Tierra influye sobre los huracanes, pero no sobre los desagües.
MICHAEL DUNNING, CORBIS
Hacia el final de la Primera Guerra Mundial, cuando el ejército alemán apuntaba con su artillería hacia París desde una distancia de 120 kilómetros, los soldados ajustaban la trayectoria en función de no pocos factores que bien podrían haber ignorado con cañones menos potentes. En particular, de no haber tenido en cuenta la sutil influencia de la rotación de la Tierra (el efecto Coriolis), los disparos se habrían desviado unos 800metros.
Decenios antes, el parisino Gaspard Gustave Coriolis había deducido la ecuación que describe dicho efecto como parte de sus análisis sobre las máquinas giratorias, entre ellas los molinos de agua. El efecto Coriolis aparece siempre que intervenga la rotación de un sólido. Si nos hallamos sobre un tiovivo que gira en sentido antihorario y lanzamos una bola en cualquier dirección, veremos que su trayectoria se curva hacia la derecha. Un observador junto al tiovivo verá que la bola describe una línea recta, pero, en nuestro sistema de referencia rotatorio, la bola virará en sentido horario. Una nueva fuerza parece actuar sobre la bola. Debido a la rotación de nuestro planeta, los mismos efectos --aunque mucho más débiles-- se observan sobre la superficie de la Tierra.
Además de desviar las trayectorias de los misiles balísticos, el efecto Coriolis da cuenta de que huracanes y tifones giren en sentido horario en el hemisferio sur y en sentido antihorario en el norte. De hecho, es dicho efecto lo que provoca que, en general, el viento fluya alrededor de las zonas de altas y bajas presiones, y no directamente desde las regiones de presión alta hacia las de presión baja. En el hemisferio norte, cuando el aire fluye en dirección radial, la rotación de la Tierra lo desvía hacia la derecha; en el hemisferio sur, ocurre lo contrario. El resultado es un régimen estacionario en el que el viento circunvala la zona de bajas presiones. El gradiente de presiones empuja hacia dentro; la fuerza de Coriolis, hacia fuera.
Una falsedad muy extendida afirma que, en un desagüe, el agua gira en un sentido en el hemisferio sur y en el sentido contrario en el hemisferio norte. Tal idea es un mito: aunque la fuerza de Coriolis posee la intensidad suficiente para dirigir la rotación de un huracán durante días, resulta demasiado débil como para inducir la rotación de una pequeña cantidad de agua durante los escasos segundos que tarda en desaparecer por el sumidero.

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