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1 de Febrero de 2011
Exploración del espacio

Aerolíneas espaciales

Los planes de la NASA para abandonar las misiones tripuladas podrían convertir en rutina los viajes al espacio.
NASA
Hace algo más de dos años, James Doohan, el fallecido actor que encarnó a Scotty en Star Trek, fue agraciado con una última aventura por cortesía de Space Exploring Technologies Corporation. SpaceX, una empresa radicada en California, nació en 2002 con el objetivo de llegar hasta donde ninguna otra compañía privada lo había hecho antes: a una órbita alrededor de la Tierra. En agosto de 2008, SpaceX cargó las cenizas de Doohan en el tercer vuelo de pruebas de su Falcon 1, un cohete propulsado por queroseno y oxígeno líquido. Pero el último viaje de Doohan acabó antes de lo previsto. Tras dos minutos de vuelo, la primera etapa del cohete colisionó contra la segunda durante la separación. Era la tercera vez que SpaceX lo intentaba y la tercera que fracasaba.
¿Que esperaban?, debieron pensar los veteranos de la NASA. Poner en órbita cargas útiles o personas a cientos de kilómetros de altura siempre ha requerido un ejército de ingenieros, especialistas y gestores técnicos respaldados por miles de millones de dólares y décadas de desarrollo. Una operación privada a pequeña escala quizá lograse enviar una pequeña nave a unas decenas de kilómetros, como hizo Burt Rutan en 2004 para ganar el premio Ansari X-Prize. Pero aquello fue una pequeña acrobacia comparado con la clase de operaciones que la NASA ha venido realizando durante años para enviar la lanzadera espacial a la Estación Espacial Internacional. En el camino al espacio, los 100 primeros kilómetros no son sino la ruta de acceso. Después hay que acelerar hasta los siete kilómetros por segundo necesarios para mantener una carga útil en órbita a 300 kilómetros de la superficie terrestre.

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