La fiebre bioinformática

La elaboración de los datos en bruto del genoma se ha convertido ya en una industria floreciente.

"Plásticos". Cuando un amigo de la familia susurraba esta palabra al personaje de Dustin Hoffman en la película El graduado en 1967 no sólo abogaba por el estudio de una nueva carrera, sino por una forma de vida completamente diferente. Si esa película se hiciera hoy, en la época del desciframiento del genoma humano, la palabra mágica bien pudiera ser "bioinformática".

Investigadores públicos y privados han compilado ya los tres gigabytes de pares de A, C, T y G que componen el código genético humano, una cantidad de información que podría ocupar más de 2000 discos normales de ordenador. Pero esto no constituye más que un anticipo de la avalancha de información que se derivará del genoma humano. Se están compilando bases de datos gigantescas que contienen los detalles de las circunstancias de tiempo y lugar en que se activan los diversos genes, las formas de las proteínas que especifican, la forma en que influyen unas proteínas sobre otras y el papel que tales influjos puedan tener en las enfermedades. Si a esto se añade el torrente de datos sobre los genomas de los denominados organismos modelo, como la mosca de la fruta y los ratones, se tendrá lo que Gene Myers, Jr., vicepresidente de investigación informática de Celera Genomics, llama "un maremoto de información". La nueva disciplina de la bioinformática (la unión entre informática y biología) busca encontrar sentido a todo ello. Al hacerlo así, está destinada a cambiar el aspecto de la biomedicina.

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