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1 de Agosto de 2010
Seguridad

Botox falsificado, una amenaza real

El mercado en auge de un producto de belleza falsificado podría poner en manos de cualquiera un arma biológica mortal.
THE HEADS OF STATE
En Arizona, a principios de 2006, Chad Livdahl, que se autodenominaba médico naturópata, fue declarado culpable de fraude postal y electrónico, de falsificar la marca de un producto farmacéutico y de cometer fraude contra el gobierno de los Estados Unidos. Fue sentenciado a nueve años de prisión. Zarah Karim, su esposa y socia en la empresa Toxin Research Internacional, Inc., en Tucson, fue declarada culpable de los mismos cargos y condenada a seis años de prisión. Ambos tuvieron que pagar indemnizaciones y multas elevadas porque, según la acusación, se embolsaron al menos 1,5 millones de dólares en poco más de un año vendiendo pequeños viales de Botox falsificado a médicos de todo el país.
Botox, que se inyecta en dosis muy pequeñas para suavizar las líneas de expresión o relajar los espasmos musculares, dista mucho de ser el único producto que inspira una fabricación y un comercio fraudulentos. El comercio mundial de productos farmacéuticos falsificados mueve cada año unos 75.000millones de dólares. Pero el principio activo de Botox y otras sustancias relacionadas difiere en gran medida de los constituyentes de otros productos farmacéuticos: en su forma pura, representa la sustancia más mortífera que conoce la ciencia. Se trata de la neurotoxina botulínica (NTB), que forma parte de las armas biológicas con un mayor potencial de letalidad; comparte el estatus de "agente peligroso" con los patógenos que causan la viruela, el carbunco (o ántrax maligno) y la peste. Su posible uso como arma biológica hace que la existencia de laboratorios ilegales donde se produce la toxina y de oscuros traficantes que la venden por todo el mundo esté causando más alarma que cualquier otro fraude farmacéutico.

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