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1 de Agosto de 2010
Observación espacial

Telescopios MAGIC

Terabytes de datos para entender el universo violento.
Robert Wagner, Instituto de Física Max-Planck, Múnich
Miles de veces por segundo, los rayos cósmicos (partículas de altísima energía procedentes del espacio exterior) impactan contra los gases de la atmósfera terrestre. Tal y como describió hace unos sesenta años el físico Pierre Auger, en esas colisiones se desencadenan cascadas de partículas tan energéticas que su velocidad supera la velocidad de la luz en la atmósfera. (La velocidad de la luz en un medio diferente del vacío sí puede rebasarse.) Cuando ello ocurre, esas partículas dejan un rastro de radiación denominada radiación de Cherenkov, el análogo electromagnético de la onda de choque que se produce cuando un objeto rompe la barrera del sonido en un medio.
Desde hace ya más de un siglo, decenas de experimentos en todo el mundo intentan obtener información sobre el misterioso origen de los rayos cósmicos. Los que estudian las cascadas de partículas a partir de la mencionada radiación de Cherenkov se encuentran entre los más exitosos. Los escasos sucesos originados por rayos gamma (fotones de muy alta energía) son los que revisten mayor utilidad en astrofísica, ya que las partículas dotadas de carga eléctrica son desviadas por los campos magnéticos galácticos, por lo que, cuando llegan al detector, no resulta fácil extraer información sobre la fuente que las produjo. Por el contrario, los fotones son partículas neutras y no son desviados.

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