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1 de Diciembre de 1991
Evolución

La selección natural y los pinzones de Darwin

Los pinzones de las Galápagos constituyen el ejemplo clásico de selección natural a lo largo de millones de años. Se les acaba de ver evolucionar en tiempo real. Ha bastado un episodio de sequía para modificar la población.

Cada año, animales pequeños como los nemátodos parásitos y grandes como el salmón o el bacalao producen un número ingente de huevos. Las orquídeas dispersan las semillas a millares. Otras especies, tortugas y cocoteros por ejemplo, se reproducen mucho más lentamente. Todos, sin embargo, comparten un rasgo demográfico: cuando una población mantiene invariante su tamaño durante largo tiempo, cada padre, por término medio, se sustituye a sí mismo con sólo un hijo reproductor. Esta simplicidad ecológica contradice una sutil complejidad evolutiva. Aunque la población se sustituye a sí misma, algunos padres dejan más descendientes que otros, y ese desequilibrio proporciona la condición para que se dé evolución por selección natural.

La selección natural es el éxito de la diferencia. Una población de organismos que se reproducen por vía sexual consta de muchos individuos diferentes: hay unos que son mayores, más gruesos, más verdes o más peludos que otros. Cuando unos organismos sobreviven o se reproducen mejor porque son mayores, o menores, porque tienen más, o menos, pelo, se da selección natural.

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