Fragilidad de la pluviselva amazónica

Las zonas sometidas a las graves perturbaciones que acaban con los mecanismos de regeneración y los nutrientes tardarían un milenio en restablecerse. Los autores proponen aprovechar sus recursos acomodándose a la sucesión natural.

La vegetación de una zona determinada depende del clima reinante en el lugar y del suelo sobre el que se asienta. La Amazonía, en pleno trópico, eclosiona en múltiples especies de todos los portes, arbóreas, arbustivas y herbáceas. Pero tiene su talón de Aquiles en el subsuelo. El ecosistema amazónico se considera frágil en razón de la extrema pobreza de su suelo, carente de suficiente reserva de nutrientes para permitir el restablecimiento del bosque después de la deforestación.

De acuerdo con las tendencias modernas en evolución vegetal, las plantas han avanzado de común acuerdo con los sistemas de polinización y dispersión de las semillas; dicho de otra manera, han evolucionado con los animales encargados de su propagación. Pues bien, la tala del bosque amazónico supone también un duro golpe contra la acción de mamíferos, aves e insectos portadores de polen y de semillas. Lo que se traduce en un obstáculo más contra la repoblación o la recuperación de una zona arrasada.

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