Anergia de las células T

Las células del sistema inmunitario descubren los antígenos, pero se mantienen quietas si no perciben ciertas señales complementarias. La terapia tiene en ese comportamiento un filón a explotar.

El sistema inmunitario consta de miles de millones de linfocitos, un tipo de leucocitos que circulan por la sangre. Estas células están al acecho de cualquier materia foránea o nueva que pueda denunciar la infiltración, en los tejidos, de un virus, una bacteria o un tumor. Desenmascarado el intruso, los linfocitos organizan la defensa frente al mismo.

Al objeto de maximizar su capacidad detectiva, el sistema inmunitario ha desarrollado un mecanismo genético que sitúa un receptor molecular de características específicas sobre la superficie de cada linfocito. La diversidad de estos receptores le permite al sistema reconocer una serie ilimitada de moléculas extrañas. Mas, al propio tiempo, este mecanismo representa un problema para el sujeto: algunas de la moléculas ante las cuales el sistema inmunitario puede reaccionar son constituyentes de los tejidos normales del individuo. Puesto que tales respuestas podrían resultar lesivas, el sistema inmunitario debe realizar ajustes que eviten su propia autodestrucción. A ese proceso se le denomina inducción de tolerancia.

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