El centenar escaso de árboles y arbustos que componen la familia de las aceráceas poseen una madera apreciada para carpintería fina en Japón y China, que en nada desmerece la de los hermosos ejemplares de los arces españoles. Al de la península y las Baleares, pòr cierto, los botánicos le denominan Acer monspessulanum L., que quiere decir de Montpellier.

Los arces, lo mismo que los olmos, poseen frutos alados. Doble ala de unos seis o siete centímetros presentan las sámaras de los primeros. El ángulo que forman tales apéndices sirve para distinguir unas especies de otras. Las hay que dibujan un ángulo recto, otras un ángulo agudo que se cierra tanto a veces, que parecen paralelas. El ala, además de retrasar la caída del fruto, permite su diseminación por lugares no colonizados todavía.

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