Perforación direccional

Mediante nuevas técnicas de perforación se salvan obstáculos naturales o artificiales para extraer gas o petróleo, detectar contaminación en el subsuelo o instalar conducciones enterradas.

Desde tiempo inmemorial, el hombre ha excavado pozos en busca de agua. Desde hace siglo y medio, hemos desarrollado técnicas para extraer otros importantes recursos que yacen en la corteza terrestre: gas natural y petróleo. La economía mundial consume al día más de 60 millones de barriles de crudo. Dentro del coste de producción puesto en juego, de una a dos terceras partes son exclusivamente imputables a gastos de perforación; a tenor de ciertas estimaciones, más de 11.000 millones de pesetas al día.

Las operaciones de perforación son costosas porque suelen efectuarse en regiones remotas con maquinaria de gran tamaño y complejidad, que requiere mucha pericia para su manejo. Por sencillez, la excavación de pozos acostumbra proceder en dirección vertical. Pero no por ser la más directa es siempre más práctica la trayectoria vertical; edificaciones, cursos de agua y cerros impiden a veces situar los equipos de perforación sobre la zona deseada. También puede tropezarse con fallas del subsuelo o formaciones inestables de rocas.

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