¿Una determinación biológica?

Aun cuando los rasgos genéticos y neuroanatómicos guardaran cierta correspondencia con la orientación sexual de los individuos, no está en absoluto probada la relación de causalidad entre aquéllos y ésta.

Los defensores de los derechos humanos, las organizaciones religiosas y los tres poderes, de los Estados Unidos y otras naciones, debaten si la orientación sexual de las personas tiene base biológica. Esta polémica ha acaparado titulares en los periódicos, pero los expertos en comportamiento la consideran agua pasada. La pregunta fundamental sobre biología e inclinación sexual no es si la primera está involucrada en la segunda, sino la forma en que lo está. En última instancia, todos los fenómenos psicológicos son biológicos.

Pero aunque el debate público apareciera formulado en términos más precisos, seguiría desenfocado. Casi ninguno de los pasos de la argumentación que ligan la biología con la orientación sexual y la política social resisten el análisis. En el ámbito político, no deja de ser un criterio inhumano el que una sociedad exija la condición de inmutabilidad o de característica innata para determinado rasgo, a la hora de decidir quiénes merecen o no su tolerancia. Aun cuando la homosexualidad fuera mera cuestión opcional, los empeños por erradicarla mediante el uso de sanciones sociales y penales recortan las libertades fundamentales y la diversidad del género humano.

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