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1 de Mayo de 2006
Viajes espaciales

Blindajes espaciales

Los rayos cósmicos representan un difícil obstáculo —si no insuperable— para los viajes tripulados a Marte o más allá.

Asteroides a la deriva y otros cuerpos celestes amenazan a los viajeros espaciales en las películas. En la realidad, sin embargo, el verdadero peligro vendría de lo más diminuto: de las partículas elementales rápidas a las que se da el nombre de rayos cósmicos. En un viaje largo, inyectarían en los astronautas una dosis de radiación suficiente para provocarles un cáncer. A diferencia de otras dificultades de los viajes por el espacio profundo, para las cuales los ingenieros encontrarán soluciones con tiempo y dinero, de los rayos cósmicos no se puede escapar. Para protegerse de ellos hay que aceptar contrapartidas de tal magnitud, que quizás impidan los viajes tripulados a Marte.

En el laboratorio, los rayos cósmicos se manifestaron como una pequeña molestia. Se los descubrió al observarse que los cuerpos dotados de carga eléctrica no la conservaban, sino que la perdían a través del aire. Algo ionizaba el aire y le permitía conducir electricidad. Muchos lo atribuyeron a la radiactividad ambiental del suelo y de las rocas subterráneas. Victor Hess halló la verdadera razón en 1912. A bordo de un globo demostró que, cuanto más alto se subía, antes se descargaba un electroscopio. El origen del aire ionizado debía de ser algo misterioso que venía del espacio; de ahí el nombre de "rayos cósmicos".

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