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1 de Julio de 2014
Ecología marina

Basura en el lecho oceánico

Los plásticos que se acumulan en los fondos marinos amenazan el equilibrio de los ecosistemas bentónicos.

R. SÁEZ, M. MASÓ Y S. DE JUAN

En los últimos cuarenta años, la producción de plásticos y su empleo diario se ha disparado. Más de un tercio de ellos son de un solo uso y se desechan en menos de un año. Una parte importante va a parar al mar, lo que supone una amenaza para sus ecosistemas.

Los plásticos flotantes transportados por las corrientes marinas y los vientos constituyen solo la cara más visible de la problemática, ya que muchos se hunden y se depositan en el fondo en zonas preferentes de acumulación. Como consecuencia, se originan formaciones de sustratos artificiales que son aprovechados por las comunidades bentónicas (las que habitan en el lecho marino), especialmente en las de fondos de fango o arena, donde escasean los sustratos que pueden ser colonizados con facilidad.

Los plásticos pueden servir como medio de asentamiento, protección y transporte, incluso como soporte para depositar los huevos. De este modo, se crean distintos microhábitats que van cambiando según se van adhiriendo nuevos organismos. La colonización de la basura se produce siguiendo una sucesión ecológica. Primero se asientan microorganismos, como bacterias y microalgas (diatomeas y dinoflagelados), que forman biopelículas sobre el sustrato artificial [véase «Plásticos colonizados», por J. M. Fortuño et al.; Investigación y Ciencia, abril de 2012]. Se crea así un hábitat apropiado en el que pueden instalarse algas multicelulares y diferentes invertebrados, entre ellos poliquetos, briozoos, cnidarios, bivalvos, ascidias, esponjas, cirrípedos y gasterópodos.

El hecho de que los plásticos aparezcan recubiertos de organismos podría hacer pensar que este material no resulta nocivo. Sin embargo, esta colonización artificial provoca una alteración en el equilibrio natural de las comunidades bentónicas. Se favorecen las especies oportunistas que pueden competir, desplazar e incluso depredar a las especies nativas de estos ecosistemas y reducir su biodiversidad. Además, una proliferación de organismos sobre plásticos en el fondo marino podría acarrear hipoxia o incluso anoxia en este medio, lo que interferiría en el funcionamiento y la estructura de sus comunidades.

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