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SCIENCE SOURCE

A finales del período Pérmico, hace unos 252 millones de años, la fauna comenzó a sucumbir masivamente. En apenas 20.000 años, el 90 por ciento de las especies desapareció. ¿Qué causó tamaña mortandad? Décadas de investigación no han logrado aún descubrir la razón.

La escala catastrófica de la extinción hizo que paleobiólogos y geoquímicos se inclinaran a buscar un cataclismo análogo como responsable. Se propuso el impacto de un asteroide como el que acabó con la hegemonía de los dinosaurios, pero más tarde algunos dirigieron su mirada hacia los volcanes de la Siberia actual, muy activos en aquel entonces. Las erupciones lanzaron gigantescas nubes de dióxido de carbono y metano, un fenómeno confirmado por las huellas químicas halladas en rocas de Xiakou, China. Los científicos creen que las emanaciones gaseosas calentaron el planeta y acidificaron los océanos, lo que acabó con gran parte de la vida.

Pero en esas mismas rocas, Dan Rothman, geoquímico del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), reparó en una discrepancia con la teoría del vulcanismo. Sus características químicas indican que los valores de dióxido de carbono y metano permanecieron elevados mucho tiempo. Si los gases hubieran sido el fruto de erupciones volcánicas, cabría esperar que su concentración disminuyera antes. Rothman y sus colaboradores creen que la pauta guarda mayor semejanza con un factor biológico, no muy diferente del crecimiento exponencial de los microbios.

El grupo de investigación señala a la bacteria metanógena Methanosarcina como la principal culpable de las extinciones del Pérmico en un artículo publicado el pasado abril en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.

La nueva hipótesis no descarta la influencia del vulcanismo. El equipo investigador del MIT cree que las ingentes cantidades de níquel emitidas por las erupciones permitieron florecer a Methanosarcina. La bacteria, que habría adquirido la capacidad de producir metano por aquella época, necesita el níquel para metabolizar la materia orgánica en gas. Las corrientes oceánicas habrían esparcido el níquel por el globo y ese maná habría alimentado el crecimiento desorbitado de Methanosarcina.

La masiva liberación de metano elevó la temperatura del planeta y aumentó la acidez de los mares, mientras que la concentración de oxígeno se desplomó a medida que este era consumido durante la conversión natural del metano en dióxido de carbono. Los organismos comenzaron a morir y, en una espiral ascendente, Methanosarcina se cebó con la materia descompuesta liberando a su vez más metano.

Los hallazgos sugieren que la evolución microbiana ha influido de forma determinante en la evolución del medio. Rothman afirma: «Los microbios dominan el mundo. Nosotros nos limitamos a vivir en él».

Algunos científicos no ocultan su escepticismo ante la posibilidad de que una sola bacteria tomara semejante protagonismo en las extinciones del Pérmico. Lee Kump, geoquímico de la Universidad estatal de Pensilvania, apunta que el equipo de Rothman no ha podido demostrar con certeza lo que sucedió porque solo ha estudiado un grupo de rocas del sur de China. «Si ese fenómeno causó realmente las extinciones, por fuerza tuvo que quedar plasmado en rocas de otras regiones del globo», asegura. «Y todavía no hemos comenzado a investigarlo.»

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