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La geometría de las semillas

El análisis morfológico de las semillas de la alcaparra arroja luz sobre las estrategias adaptativas de esta planta.

CORTESÍA DE E. CERVANTES, J. J. MARTÍN Y E. SAADAOUI

La forma es una propiedad fundamental de los objetos, incluidos los que encontramos en la naturaleza. La luna es redonda, los gusanos cilíndricos y los caracoles espirales. Definir estas formas mediante fórmulas matemáticas resulta de gran utilidad para la ciencia, puesto que permite llevar a cabo descripciones detalladas y comparaciones. Sin embargo, no siempre es fácil hallar la fórmula que mejor describe una forma natural.

Los objetos redondos constituyen un caso sencillo. Puesto que la forma geométrica a la que mejor se ajustan es el círculo, para saber cuán redondo es un cuerpo basta calcular el índice de circularidad, que se expresa como 4π por el área dividida por su perímetro al cuadrado y tiene un valor igual a 1 para el círculo. Pero veamos qué ocurre cuando tratamos de describir formas menos simples, como las de ciertas semillas.

Elipses y cardioides
La forma de las semillas es variadísima. En muchos casos es redonda; pensemos en la mostaza negra (Brassica nigra), el guisante (Pisum sativum), el cilantro (Coriandrum sativum) o el enebro (Juniperus communis). En otros, como Jatropha curcas (euforbiácea muy utilizada en cultivos energéticos), elíptica. Pero muchas de las semillas que a primera vista guardan semejanza con una elipse, se parecen más a una cardioide, la curva que describe un punto de una circunferencia cuando gira sobre otra de igual radio [véase «La curva del corazón», por Norbert Treitz; Investigación y Ciencia, diciembre de 2008].

Ese es el caso de la planta modelo Arabidopsis thaliana. Aunque a primera vista las imágenes de sus semillas recuerdan a una elipse, en un trabajo publicado en 2010 en Journal of Plant Physiology demostramos que el ajuste es mejor cuando se comparan con una cardioide, sobre todo si esta se alarga horizontalmente en un factor φ.

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