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GETTY IMAGES/URUPONG/ISTOCK

Me ha sorprendido que el extenso artículo «Las bases neurobiológicas del alzhéimer», de Kenneth S. Kosik [Investigación y Ciencia, julio de 2020], no haga ninguna mención a la encefalopatía espongiforme bovina, o mal de las vacas locas, ya que esta enfermedad se halla salpicada de rasgos definitorios que recuerdan a los del alzhéimer. ¿Hay alguna razón para que no se considere ninguna conexión entre los mecanismos de ambas enfermedades? ¿Existe algún estudio que descarte explícitamente esa conexión?

José María Ramos Barceló
Madrid


RESPONDE KOSIK: La encefalopatía espongiforme bovina pertenece a la categoría de enfermedades denominadas priónicas, las cuales tienen una variedad de manifestaciones clínicas que suelen distinguirse de las de la enfermedad de Alzheimer.

Las enfermedades priónicas pueden transmitirse por la ingestión de la proteína priónica, como ocurre en el caso de la encefalopatía espongiforme bovina al consumir carne infectada. Lo más llamativo de los priones es su capacidad para propagarse en total ausencia de ADN o ARN, que es el mecanismo usado por todos los demás agentes infecciosos para replicarse. Los priones, en cambio, se propagan mediante el paso de la proteína anormal a otras células. Una vez allí, alteran la proteína priónica habitual para que esta copie el plegamiento de la proteína invasora, lo que a la postre acaba por destruir la célula infectada.

En el caso de la enfermedad de Alzheimer, existen pruebas de que la proteína tau puede propagarse de célula a célula de manera similar a como lo hacen los priones. Sin embargo, no hay indicios de que la proteína tau anómala pueda propagarse de persona a persona, como tampoco los hay de que la enfermedad de Alzheimer sea contagiosa en modo alguno. Por ello, aunque decimos que la proteína tau es «de tipo priónico», difiere enormemente de los priones en lo que respecta a la propagación entre individuos.

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