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Algunos autores se esfuerzan por elaborar una definición erudita del término "complejidad". Pero si el mundo es complejo (en el sentido habitual del término), podemos estar seguros de que se las ingeniará para ofrecernos fenómenos que escapen a toda definición de complejidad. Y si no lo es (cosa que dudo), mal viene a cuento una definición erudita de la complejidad.

Las teorías de la complejidad suscitan tanto más mis reservas cuanto que suelen ir acompañadas de un injustificado desprecio hacia el determinismo laplaciano, relegado así al rango de la creencia ingenua, que tanta ternura nos hace sentir por nuestros antepasados. ¡Esperemos que el futuro sea más leal con nosotros de lo que lo estamos siendo nosotros con Laplace! Cierto es que los progresos actuales echan por tierra la noción de determinismo; pero no por ello era simplista la concepción de Laplace. El célebre pasaje de su Essai philosophique sur les probabilités está en condicional: si una inteligencia fuese lo suficientemente grande, nada para ella sería incierto. Laplace se apresura a precisar que el espíritu humano "ofrece un débil esbozo de esta inteligencia", de la que permanecerá "siempre infinitamente alejado." Así pues, aunque no utilice esta palabra, Laplace tiene perfecta conciencia de la complejidad del mundo.

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