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1 de Noviembre de 2005
Agricultura

Agricultura del Tercer Mundo

Mediante sistemas de riego baratos y el cultivo de productos de interés comercial, los agricultores de los países en vías de desarrollo podrían aumentar la producción y salir de la pobreza.

KEN BROWN (fotomontaje); INTERNATIONAL DEVELOPMENT ENTERPRISES (IDE) (fotografía)

Peter Mwete, zimbabwés de rostro anguloso y unos 20 años de edad, estaba arrancando las malas hierbas de su huerto en el núcleo rural de Marimari cuando lo conocí en 2002. La parcela, de unos 100 metros cuadrados, estaba cercada por una valla de dos metros de altura: robustos tallos de arbustos clavados a modo de estacas y unidos por una alambrada que impedían el acceso a los animales, salvajes y domésticos. Peter vivía con su padre y un hermano de 19 años. Su madre había muerto de sida; su hermano también se estaba muriendo. ¿Cómo podría alimentar a su familia y ganarse la vida con menos manos para trabajar? Para salir de su particular encrucijada, Peter había instalado un económico sistema de riego por goteo propulsado por la gravedad, que le suministró Empresas de Desarrollo Internacional (IDE), la organización que fundé en 1981.

La parcela de Peter constaba de ocho arriates elevados, donde cultivaba colza, repollo y maíz. En mitad de cada arriate, una conducción móvil de goteo traía el agua procedente de un depósito de plástico de 40 litros colocado encima de una estructura de madera. Al llevar el agua directamente a las raíces, este sistema superaba en eficacia el riego con cuba. Como resultado, la pequeña parcela producía suficiente maíz y hortalizas para cubrir las necesidades de la familia; con la venta del excedente, Peter esperaba ganar al menos 90 dólares (beneficio considerable para un agricultor en Zimbabwe). De cara al año siguiente, pensaba duplicar el tamaño de su huerto y triplicar las ganancias reemplazando algunas de las verduras de hoja por tomates, patatas irlandesas y otros cultivos de mayor valor comercial. Para incrementar la productividad, planeaba también abonar el suelo. Dado que los fertilizantes eran demasiado caros, pensaba sumergir un saco de arpillera lleno de estiércol de vaca en un recipiente con agua, para aplicar luego esta "infusión de estiércol" a las raíces mediante el sistema de goteo.

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