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1 de Noviembre de 2005
Sociología

El culmen de la humanidad

Estamos en un momento excepcional de la historia de la humanidad, tanto demográfica como económicamente. Según se gestionen los próximos decenios, llegaremos a un desarrollo viable o nos hundiremos.
El siglo XXI resulta decepcionante. Se nos habían prometido coches voladores, colonias espaciales y una semana laboral de 15 horas. Se daba por hecho que nuestras tareas cotidianas estarían a cargo de robots, salvo cuando se hallaron tramando una rebelión; los niños sabrían de la existencia de las enfermedades por los libros de historia y en las grandes superficies se podrían adquirir reactores nucleares de fusión portátiles. Incluso en las visiones distópicas del futuro se pronosticaban avances técnicos y de organización social luminosos.
Pero si miramos más allá de las lucecitas que parpadean y del zumbido de los artilugios, veremos que el nuevo siglo se está caracterizando por ser uno de los períodos más sorprendentes de la historia. Tres grandes transiciones, puestas en marcha por la Revolución Industrial, están llegando a su culminación. Tras dos o tres siglos de crecimiento más que exponencial, la población del mundo se está estabilizando. A juzgar por las tendencias actuales, alcanzará una meseta hacia mediados de siglo, con unos 9000 millones de habitantes. Al mismo tiempo, está disminuyendo, tanto en porcentaje como en valor absoluto, la fracción de población que padece pobreza extrema. Si China e India prosiguen por la senda económica que tomaron Japón y Corea del Sur, el chino medio, hacia 2050, será tan rico como lo es hoy el suizo medio; el indio medio, tanto como un israelí actual. Sin embargo, al crecer la humanidad en número y en riqueza, presiona cada vez con mayor fuerza contra los límites del planeta. Estamos ya arrojando a la atmósfera dióxido de carbono a una velocidad tres veces mayor de lo que los mares y las tierras son capaces de absorber; los climatólogos creen que a mediados de siglo será cuando el calentamiento global empiece de verdad a mostrarse en toda su crudeza. Y al paso que van las cosas, los bosques y las pesquerías mundiales quedarán agotadas aún antes.

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