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1 de Julio de 2000
Física del estado sólido

Metalizar el hidrógeno

Tras un largo y laborioso proceso, en el que se han reproducido las condiciones extremas que reinan en el núcleo de Júpiter, se ha logrado convertir en metal el hidrógeno.
En el Laboratorio Nacional Lawrence de Livermore hay un cañón de doble etapa, cargado de gas hidrógeno con la fuerza explosiva de diez cartuchos de dinamita. Es capaz de disparar proyectiles a siete kilómetros por segundo, más de 20 veces la velocidad del sonido y unas 15 veces la de la bala más veloz. Pero no se trata de ningún arma, sino de un potente instrumento cuya longitud iguala a la de dos autobuses urbanos y cuyo blanco no son más que unas pocas gotas de líquido.
Por supuesto, no nos hallamos ante ningún líquido ordinario, aunque contenga el elemento más común del universo. Pese a su sencilla estructura atómica "un solo protón y un solo electrón", el hidrógeno ha demostrado ser mucho más complejo de lo que se había imaginado. En condiciones normales, es un gas de moléculas diatómicas, susceptible de convertirse en líquido a temperaturas inferiores a 20 kelvin y en sólido a menos de 14 kelvin. En todos los estados indicados, el hidrógeno se comporta como aislante eléctrico. Pero ya en los años treinta se pronosticó que al someterle a una extrema presión, su molécula se disociaría en átomos separados y la sustancia se convertiría en un metal conductor.

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