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  • Investigación y Ciencia
  • Junio 1997Nº 249

Ecología

Extremófilos

Hay microorganismos que viven en condiciones letales para cualquier otro ser vivo. Las moléculas que les permiten medrar en entornos extremos hallan aplicación en la industria.
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Imagínese buceando en una piscina llena de agua extremadamente fría. Surque con el pensamiento aguas en ebullición u otras a punto de congelarse. Considere la posibilidad de zambullirse en vinagre, en una solución amoniacal de uso doméstico o en una de salmuera concentrada. Tales inmersiones tendrían consecuencias desastrosas para cualquier persona. Pero no para muchos microorganismos, que han instalado su hogar en esos ambientes prohibitivos para el ser humano. A estos microorganismos se les llama, con toda razón, extremófilos. No sólo toleran esas situaciones límite, sino que se encuentran en ellas como un pez en el agua; más aún, en muchos casos, su multiplicación requiere la presencia de alguna de esas extremas condiciones.
Aunque ciertos extremófilos se conocen desde hace más de 40 años, su búsqueda se ha intensificado recientemente, al percatarse los científicos de que la vida microbiana prolifera en ambientes que, en principio, deberían ser estériles. Esta suerte de caza de extremófilos ha contado en los últimos años con el interés de la industria, en cuyo ámbito las moléculas responsables de la viabilidad de los extremófilos hallan muy diversas aplicaciones.

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