El estudio sesgado de las plantas

Los investigadores se interesan por las más altas, radiantes y vistosas.

Una planta muy estudiada (izquierda) y otra poco conocida (derecha) de los Alpes sudoccidentales. [MARTINO ADAMO]

Botánicos y jardineros por igual parecen ser incapaces de resistirse al encanto de una flor llamativa o de un porte alto. Un original estudio ha descubierto que la investigación botánica se inclina irremediablemente hacia las plantas vistosas en detrimento de las apagadas, monótonas y rastreras, que quedan marginadas por muy amenazadas que estén.

Publicado en Nature Plants, en el análisis se revisan 280 estudios efectuados entre 1975 y 2020 con 113 especies botánicas de los Alpes sudoccidentales, una región de rica biodiversidad. Los investigadores recopilaron datos sobre la morfología (rasgos como el tamaño y el color), la ecología y la rareza de cada una. Gran número de estudios realizados con cada planta indican que las más llamativas atraen mucho más la atención de los especialistas.

Las plantas con flores azules, en tonos que van del índigo al cian, han sido estudiadas de forma desproporcionada, puesto que el azul es uno de los colores florales menos comunes, afirma el autor principal del estudio, Martino Adamo, biólogo de la Universidad de Turín. Las plantas de flores rojas, rosadas o blancas superan ampliamente a las provistas de flores marrones o verdes, y las plantas con tallos altos también sobresalen más, no solo literalmente.

«Nuestros resultados no dicen tanto que los investigadores presten mayor atención a las plantas más bonitas, sino que escogen las más conspicuas, las más fáciles de localizar y las de flores coloridas», afirma Adamo.

El equipo esperaba encontrar más especies amenazadas entre las más estudiadas, pero no fue así. Este resultado ilógico podría tener consecuencias importantes para la ciencia vegetal, según los autores. El sesgo hacia las plantas «atractivas» podría significar que «podríamos estarnos perdiendo ejemplos extraordinarios y desconocidos de la historia natural de algunos vegetales», opina el coautor del estudio Kingsley Dixon, botánico de la Universidad John Curtin, en Australia. «Además, podríamos estar dejando de lado especies en rápido declive, abocadas a la extinción, de las que ni siquiera contamos con información básica en los bancos de semillas que nos ayude a la conservación.»

Adamo añade: «Estas conclusiones indican que probablemente nuestro subconsciente es más influyente de lo esperado a la hora de elegir los modelos de estudio; no es una tragedia, pero debemos ser conscientes de ello» cuando planifiquemos la labor futura. Los resultados reflejan las observaciones en otras disciplinas: los mamíferos y las aves de colores vistosos y los más carismáticos y queridos también acaparan las campañas de conservación y obtención de fondos, sean escasos o no.

Kathryn Williams, investigadora en psicología ambiental de la Universidad de Melbourne que no ha participado en el estudio, sostiene que las posibles consecuencias de tales sesgos «revisten importancia para la conservación vegetal y la toma de decisiones en temas ambientales en general. Disponer de datos sólidos sobre las especies ayudará en las decisiones difíciles que han de tomarse a la hora de dirigir los esfuerzos y asignar los fondos destinados a la conservación», añade.

Contenidos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.