Joyas históricas

Los diamantes imperfectos revelan el pasado de la Tierra.

Los diamantes fibrosos contienen pequeñas bolsas de fluido con valiosa información geológica. [YAAKOV WEISS]

Los llamados «diamantes fibrosos», turbios y amarillentos, resultan demasiado antiestéticos para la mayoría de los joyeros. Sin embargo, su estructura cristalina guarda valiosos secretos sobre la historia de nuestro planeta.

Yaakov Weiss, geólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y sus colaboradores trituraron varios diamantes fibrosos de Sudáfrica para extraer las pequeñas bolsas de líquido atrapadas en su interior. Este fluido, a partir del cual se formaron los diamantes, constituye un registro único de las condiciones que imperaban antaño en las profundidades de la Tierra. Contiene además uranio y torio, los cuales se desintegran con el tiempo en helio-4. Este va escapando poco a poco de la red cristalina del diamante, pero hasta ahora se ignoraba a qué ritmo lo hacía; un dato imprescindible para determinar la edad de estas joyas y deducir su historia.

Weiss y su equipo modelizaron esa desintegración y estimaron cuánto helio-4 pudo escapar a lo largo del tiempo. Gracias a ello, lograron determinar amplios intervalos de edad para las piedras. Luego descartaron aquellas edades que resultaban incompatibles con lo que ya se sabe acerca de las condiciones tectónicas y térmicas del manto y la corteza en el lugar donde se formaron los diamantes. Al combinar esos datos, los investigadores obtuvieron un límite superior para la pérdida de helio, el cual pudieron aplicar a todos los diamantes fibrosos del estudio. Sus resultados se publican en Nature Communications.

Los autores determinaron que el fluido correspondía a tres períodos distintos, cada uno de los cuales coincidió con grandes cambios en la superficie terrestre. Los diamantes más antiguos tendrían entre 750 y 2600 millones de años de antigüedad. Gracias a pruebas adicionales, los científicos acotaron su creación en hace unos 1000 millones de años, cuando las fuerzas tectónicas levantaron escarpadas montañas en lo que hoy es Sudáfrica. Las siguientes piedras más antiguas surgieron hace entre 300 y 540 millones de años, una época que coincide con la formación de las montañas Naukluft, en Namibia. Y las más recientes se constituyeron hace entre 85 y 118 millones de años, justo antes de que una erupción subterránea las lanzara a la parte superior de la corteza.

Además, el fluido de los diamantes más viejos era rico en carbono, el de los siguientes más antiguos poseía grandes cantidades de sílice, y el de los más recientes era muy salino. Eso también podría reflejar cambios geológicos importantes; por ejemplo, los líquidos más jóvenes podrían provenir de la corteza oceánica que se hunde bajo la continental en las zonas de subducción.

Ninguna otra roca o mineral de las profundidades de la Tierra llega a la superficie con tan pocas alteraciones internas como los diamantes, asegura Suzette Timmerman, geóloga de la Universidad de Alberta que no participó en el estudio. Como consecuencia, esos fluidos ofrecen una rara ventana directa a la litosfera profunda y al manto superior. «Lo que contienen es básicamente una cápsula del tiempo», afirma Timmerman.

Los investigadores pretenden estudiar los diamantes de otras regiones en busca de correlaciones similares entre su formación y los grandes eventos superficiales, detalla Weiss. «Tendremos que pensar en qué nos dice esto sobre la evolución del manto y de la litosfera.»

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