La construcción científica de la ignorancia

El caso de la invisibilización del riesgo asociado a los plaguicidas tóxicos.

NAVARRO Y UN OPERARIO muestran la eficacia plaguicida del ácido cianhídrico, que causa la muerte instantánea en los animales. [Fuente: «Fumigación de los olivos por medio del gas cianhídrico», Leandro Navarro, 1914. Filmoteca española]

En octubre de 1907, el director de la Estación de Patología Vegetal de Moncloa, Leandro Navarro Pérez, recibía el encargo de estudiar la «enfermedad existente en los olivos del pueblo de Mora, de la provincia de Toledo». Así se establecía en un Real Decreto del 25 de aquel mes, con el que se iniciaban intensos trabajos de estudio y divulgación de los métodos para combatir la plaga de Liothrips oleae, o arañuelo del olivo.

Después de meses de estudios in situ, Navarro publicó una primera memoria en la que se indicaban los métodos químicos y mecánicos que podían frenar el fuerte impacto que estaba teniendo aquel tisanóptero en el olivar local. Los resultados se presentaron a través de hojas informativas, conferencias y proyecciones visuales cuidadosamente preparadas tanto para la divulgación como para la formación de técnicos. Navarro se involucró también en un buen número de reuniones con las autoridades locales. Toda esta actividad tuvo importantes consecuencias en las prácticas agrícolas de aquella región. La buena valoración que se hizo de su trabajo se evidenció de formas diversas, tanto entre los ingenieros agrónomos como por parte de las autoridades locales de Mora de Toledo, que acabaron por dedicar una calle y una lápida a la memoria del ilustre ingeniero.

Navarro siguió estudiando la plaga del arañuelo del olivo. En 1912 puso a punto un nuevo método para controlarla. Consistía en la aplicación de fumigaciones con ácido cianhídrico, una sustancia extremadamente tóxica que ya estaba utilizándose para combatir algunas plagas que afectaban a los cítricos del País Valenciano. En aquel momento se sabía que una corta exposición al cianhídrico podía resultar letal (posiblemente por ello fue utilizado habitualmente en suicidios). Su toxicidad parecía exigir medidas especiales para evitar riesgos innecesarios en su uso agrícola. Pero, ¿cómo se comunicó el riesgo y las medidas de seguridad que debían tomarse en su aplicación al control de la plaga del arañuelo del olivo?

Para responder a esta pregunta primero debemos tener en cuenta el procedimiento a través del cual se aplicaba el cianhídrico en el control de plagas del campo. El método consistía en cubrir el árbol con una lona blanca y generar en el interior el ácido cianhídrico. Para ello se mezclaban ácido sulfúrico, agua y cianuro sódico o potásico, que reaccionaban de manera inmediata y generaban el cianhídrico. El operario que se situaba bajo la lona debía salir inmediatamente después de añadir el último reactivo, evitando, en la medida de lo posible, respirar antes de haber salido.

Con el tiempo se generaron manuales e impartieron cursos para formar a los capataces que debían dirigir los trabajos de fumigación. En ambos casos se insistió siempre en las medidas que debían tomarse para evitar riesgos innecesarios: usar guantes para manipular el cianuro potásico o sódico, limpiarse las manos después de fumigar y antes de fumar o comer, evitar días de viento en los que este podría levantar las lonas y dejar escapar el cianhídrico, quedando así expuestos los operarios, etcétera. En el contexto español, estas medidas se difundieron en los materiales y cursos que se promovieron fundamentalmente desde la Estación de Patología Vegetal de Burjassot, pero también a través de documentos generados por el mismo Navarro. En 1912, este autor publicaba una memoria sobre nuevas aplicaciones de la fumigación cianhídrica en la cual se incluían todas estas medidas de seguridad.

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