Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Marzo de 2013
Física cuántica

Paradojas colectivas y lógica cuántica

Ciertas ideas tomadas de la mecánica cuántica podrían ayudar a explicar la aparente irracionalidad de algunos mecanismos de toma de decisiones.

Oliver Munday

En síntesis

Las ideas de la mecánica cuántica podrían ayudar a mejorar algunos mecanismos de toma de decisiones. En el dilema del prisionero, un «pacto» con partículas entrelazadas permite evitar la aparente contradicción de que la respuesta racional no sea la que revierte en el bien común.

Investigaciones recientes sugieren que algunos fenómenos cuánticos, como la superposición de estados, tal vez ayuden a modelizar el comportamiento humano mejor que la lógica clásica, incapaz de predecir la inclinación «irracional» hacia la cooperación y el altruismo.

Los períodos electorales no parecen el mejor momento para loar las virtudes del pensamiento racional. Los candidatos realizan promesas imposibles de cumplir que, sin embargo, calan entre la ciudadanía. Al mismo tiempo que los eslóganes fáciles hacen su agosto, se ignoran los argumentos más meditados. Resulta decepcionante contrastar tales comportamientos con la fe en la razón y demás ideales de la Ilustración que inspiraron la creación de los sistemas democráticos.

Pero la realidad se muestra aún peor. Muy a menudo damos por sentado que podremos resolver de manera racional una cuestión si ponemos lo suficiente de nuestra parte, pero no siempre es así. Y aunque lográsemos regir nuestras vidas por medio de la razón más pura (sin votar jamás a un partido cuyo programa no hemos analizado, documentándonos a conciencia antes de adquirir un producto, sin caer en peticiones de principio, hombres de paja y demás falacias lógicas a las que nos arrastra nuestra naturaleza) aún continuaríamos llevando a cabo actos aparentemente sin sentido. Y no porque hayamos fracasado en nuestro empeño, sino porque la razón misma adolece de imperfecciones.

El siglo XX convenció a la comunidad científica de la existencia de ciertas cuestiones que siempre escaparán al entendimiento racional. En los años treinta, Kurt Gödel demostró que, incluso en el universo perfectamente racional de las matemáticas, cada paradoja resuelta da lugar a otras nuevas. La teoría económica y política se topó con limitaciones parecidas al buscar reglas racionales sobre las que basar la organización de nuestra sociedad. Y los historiadores de la ciencia comenzaron a cuestionar la creencia de que el lado correcto en cualquier disputa científica siempre puede dilucidarse mediante hechos objetivos. Las limitaciones de la razón quedaron todavía más patentes con el nacimiento de la física cuántica, que establece que ciertos procesos sencillamente ocurren sin que pueda saberse muy bien por qué.

Otros artículos del informe especial Horizontes cuánticos

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.