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Cortesía de Ricardo Maggi, Universidad estatal de Carolina del Norte, Colegio de medicina veterinaria, laboratorio de métodos ópticos y electrónicos avanzados

Una idea que ha estado esbozándose durante años entre los veterinarios también atrae ahora el interés de los médicos: ¿es posible que las bacterias que causan la enfermedad por arañazo de gato, un trastorno generalmente leve, con síntomas parecidos a los de la gripe, provoquen también el síndrome de fatiga crónica? Décadas de informes clínicos sugieren la existencia de algún tipo de asociación entre las infecciones de Bartonella y la fatiga, cefalea crónica, entumecimiento, dolor y deficiencia cognitiva. Sin embargo, se sigue sin dar con una respuesta clara.

Investigaciones recientes han encontrado fragmentos del ADN de la bacteria Bartonella en el 41 por ciento de 296 pacientes examinados por un reumatólogo. Muchos de ellos habían acudido a numerosos especialistas sin encontrar alivio para sus síntomas. Estos resultados, descritos en mayo de 2012 en la revista Emerging Infectious Diseases, fueron criticados en dos cartas al director publicadas el pasado mes de noviembre. Expresaban su disconformidad con los criterios de inclusión de los pacientes y con el umbral, demasiado bajo, a partir del cual se consideraba que había infección. «Debemos ser precavidos antes de atribuir sin pruebas sólidas las enfermedades x, y o z a una infección de Bartonella», afirma Christina Nelson, epidemióloga de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos; añade que los resultados del estudio eran difíciles de interpretar.

El asunto se complica por la esquiva biología del patógeno: para que no se lo detecte dentro del animal portador, cambia las proteínas de su superficie y se esconde dentro de los vasos sanguíneos. Además, modifica su estrategia dependiendo de si se encuentra en un mamífero, como un perro o un gato, o en un insecto vector, como una pulga o una garrapata. Aún no conocemos ni siquiera la punta del iceberg en lo relativo a la bacteria Bartonella, afirma Jane Koehler, profesora de medicina de la Universidad de California en San Francisco.

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