Rayos X: NASA/CXC/Rutgers/G.Cassam-Chenaï, J. Hughes et al.; Ondas de radio: NRAO/AUI/NSF/GBT/VLA/Dyer, Maddalena & Cornwell; Óptico: Middlebury College/F. Winkler, NOAO/AURA/NSF/CTIO Schmidt & DSS

Una supernova de tipo Ia es, quizás, el colmo de la traición: una estrella roba material de una estrella compañera, alcanza la masa crítica, se hace inestable y desencadena una explosión nuclear con suficiente potencia para pulverizar a su víctima.

El culpable en estos casos está muy claro: las supernovas de tipo Ia surgen de las explosiones catastróficas de las pequeñas y densas estrellas conocidas como enanas blancas. En cambio, la identidad de las víctimas permanece en la sombra. Se creía que eran o estrellas de la secuencia principal parecidas al Sol o estrellas gigantes. Algunos estudios recientes han señalado que un mecanismo menos conocido, las parejas de enanas blancas en las que una devora a su compañera orbital antes de explotar como supernova, podría desempeñar un papel importante.

Un estudio publicado el 27 de septiembre en Nature apoya esta última posibilidad y concluye que solo una minoría de las supernovas de tipo Ia tiene que ver con estrellas de la secuencia principal o con estrellas gigantes. Jonay González Hernández, del Instituto de Astrofísica de Canarias, y sus colaboradores buscaron restos de una estrella víctima que pudiera haber intervenido en la supernova Ia que se vio en la Tierra en el año 1006. No encontraron nada. La ausencia de una estrella compañera superviviente parece descartar la participación de una gran estrella, porque el núcleo de una estrella de ese tipo habría sobrevivido a la explosión y debería seguir siendo visible actualmente. Una enana blanca, en cambio, no habría dejado ningún resto tras de sí. Uniendo esto a los datos de otras búsquedas de supervivientes de supernovas, generalmente sin éxito, los investigadores estiman que menos del veinte por ciento de las supernovas de tipoIa se producen conforme al escenario tradicional.

El astrónomo Andrew Howell, de la Red Global de Telescopios Observatorio Las Cumbres, en Santa Bárbara, California, afirma que la cifra del veinte por ciento es una «gran exageración». Señala que una estrella normal, de un tamaño algo inferior al Sol, tampoco dejaría restos detectables tras de sí y cumpliría los requisitos de una posible compañera de la supernova de 1006.

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