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  • Noviembre 2018Nº 506
Juegos matemáticos

Cognición

¿Calcular nos hace humanos?

Aunque la capacidad para concebir números aproximados es común a numerosas especies, manejar cantidades exactas parece ser una facultad exclusiva de Homo sapiens. ¿De dónde procede?

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El ser humano, aun en sus estados primarios de desarrollo, posee una facultad a la que, a falta de un nombre mejor, llamaré «sentido numérico». Esta le permite reconocer que algo ha cambiado en una colección pequeña cuando, sin su conocimiento directo, un objeto ha sido eliminado o agregado a la colección.

—Tobias Dantzing, 1954

 

John von Neumann fue uno de los matemáticos más brillantes del siglo XX. Una tarde de verano, el pequeño Johnnie de diez años observó que su abuela detenía su labor de ganchillo y se quedaba ensimismada mirando al infinito. Con la ingenuidad de un genio precoz, le espetó: «Abuela, ¿qué estás calculando?». Para el pequeño Von Neumann, calcular era algo natural y muy humano.

La cognición numérica, una subdisciplina de la ciencia cognitiva, pretende desentrañar las bases neuronales que subyacen al manejo de los números y a las matemáticas en general. Gracias a multitud de ingeniosos experimentos realizados desde comienzos del siglo pasado, hoy sabemos que Homo sapiens no es la única especie con capacidades numéricas. Algunos animales entrenados en cautividad logran efectuar comparaciones de números cuando, entre dos pilas de comida, eligen aquella con más elementos. Y, tras un período de entrenamiento, hay monos que aprenden a usar monedas para intercambiarlas por comida en condiciones controladas. Pero el fenómeno va más allá: hoy contamos con observaciones inequívocas de que, incluso en su ambiente natural, muchas especies son capaces de distinguir cuántos congéneres se encuentran en su grupo, estimar cantidades de comida, o esconder semillas para el invierno y saber después exactamente cuántos granos están ocultos en un determinado lugar.

Neuronas numéricas
¿Dónde radica el origen neuronal de esas facultades? Hace una década, el neurocientífico Andreas Nieder, hoy en la Universidad de Tubinga, y sus colaboradores entrenaron a macacos rhesus durante un año para que aprendiesen a comparar el número de elementos presentes en dos conjuntos de puntos. Después, se les introdujo en el cerebro una serie de microelectrodos con el objetivo de registrar la actividad neuronal mientras observaban colecciones de objetos con diferentes cantidades.

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