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«El misterio de las explosiones rápidas de radio», de Duncan Lorimer y Maura McLaughlin [Investigación y Ciencia, junio de 2018], analiza la búsqueda de explosiones de radio en el universo distante. Su historia me ha recordado la época en que trabajaba como estudiante en el radiotelescopio de Green Bank, en Virginia Occidental, en 1968.

Aunque Green Bank se halla en una zona sin demasiadas emisiones de radio, el telescopio detectaba algunos aparatos de los agricultores locales. Sin embargo, sus señales no se desplazaban cuatro minutos al día, como las que estábamos buscando. Pero entonces comenzamos a detectar una señal que aparecía la mayoría de los días a la misma hora sideral. Al final, resultó ser el automóvil de un compañero que llegaba a su turno de observación, cada día cuatro minutos más tarde que el anterior. De haber sabido algo más de mitología, tal vez habríamos bautizado la señal como «peritios». En su lugar, seguimos la nomenclatura del Tercer Catálogo de Fuentes de Radio de Cambridge y la llamamos según las iniciales del conductor: 3C-MMD.

Alan Karp
Palo Alto, California

 

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