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1 de Noviembre de 2018
Astrobiología

Descifrar los sentidos alienígenas

Una lingüista pone de relieve lo limitadas que son nuestras ideas acerca de los extraterrestres.

Amy Adams en la película La llegada. [PHOTOFEST, ARRIVAL © 2016 PARAMOUNT PICTURES]

En La llegada, gran éxito de taquilla de 2016, unos extraterrestres movidos por razones inescrutables llegan a la Tierra, y es misión de una científica, encarnada por Amy Adams, entablar comunicación con ellos. Si esto ocurriese de verdad, tal vez la encargada sería Sheri Wells-Jensen. Esta lingüista de la Universidad Estatal de Bowling ha estudiado en profundidad lo distinta que podría ser la mente de los alienígenas.

Muchos investigadores suponen de manera automática que los extraterrestres poseerían sentidos similares a los que nosotros usamos cada día. Pero la experiencia sensorial de esta investigadora —es ciega— ofrece una perspectiva atípica a la hora de concebir situaciones alternativas y lo que supondrían para poder entendernos con los recién llegados.

Nuestra revista mantuvo una charla con ella acerca del lenguaje, los alienígenas tentaculados y las formas multidimensionales de ver el mundo.

Adam Mann


¿Qué tienen que decir los lingüistas sobre la búsqueda de inteligencia extraterrestre?
Si esperamos dar con un lenguaje alienígena, hemos de comenzar a pensar en qué lenguaje puede ser, cómo lo reconoceremos y lo distinto que podría llegar a ser de lo que conocemos. Hemos de plantear un montón de hipótesis descabelladas y dar alas a nuestro pensamiento imaginativo.

¿Cómo está dando esas alas a su investigación?
En 2014 recibí una llamada del Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) e intenté ponerme al corriente a toda prisa consultando la bibliografía. Y uno de los apriorismos con que me topé es que cualquier civilización sideral gozaría del sentido de la vista. Estoy intentando derribar esa premisa. Lo peligroso de las presuposiciones es que uno no es consciente de que las esté haciendo.

A mi entender, esto entronca con multitud de preguntas antropológicas sobre el trato que dispensamos a nuestros semejantes. Si como especie somos incapaces de zanjar diferencias mínimas como la raza o el sexo, ¿qué nos hace pensar que nos llevaríamos bien con alienígenas tentaculados? ¿Sabemos mantener un trato cordial y empático entre nosotros, algo bastante sencillo en comparación con decir: «Oh sí, vamos a dar la bienvenida a estos alienígenas tentaculados, con sus tripas al aire y ese modo de masticar con la boca abierta»?

¿Influye nuestro cuerpo en nuestra cognición?
Puedo darle un montón de ejemplos, como el verbo «ver», que también significa «entender» en algunas lenguas. O tenemos palabras para decir «izquierda» y «derecha», «adelante» y «atrás», las cuatro direcciones que son fruto de la simetría del cuerpo humano. Pero si tuviéramos tres manos, diríamos «izquierda», «derecha» y, eeeh..., ¿«la otra mano»?

Esta incógnita me fascina. La estructura de la lengua estadounidense de signos se ajusta en buena medida a las mismas normas del lenguaje oral, salvo porque es posible hacer más cosas a la vez. Pero no es alienígena. Es un lenguaje reconocible como humano que todos podemos aprender. Y los invidentes podemos aprender la lengua de las personas videntes que nos rodean. Una de las preguntas que me hago es: ¿cuán distinta ha de ser la anatomía de un ser para poder contrastar de veras esa hipótesis?

La anatomía extraterrestre podría ser muy distinta de la humana. Podrían usar un sónar y vivir en el agua, por ejemplo, o tener una tercera mano.
Exacto. Puedo imaginar derecha, izquierda y otra dirección, a la que podría llamar «biesa». Tardaría en asimilarla y emplearla con fluidez, pero creo que podría aprenderla. Pero ¿hasta dónde tendría uno que ir antes de que se hiciera incomprensible? Tal vez los lenguajes alienígenas sean cada vez más difíciles de entender conforme la morfología corporal se aleje de la nuestra. ¿O existe una barrera? ¿Serían siempre incompatibles ambas lenguas? Hemos de practicar pensando en esos ejemplos, incluso en los que no nos gustan.

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